miércoles, febrero 24, 2010

sábado, febrero 13, 2010

RUPAY:EL FUEGO DE LA INDIGNACIÓN
Sarah Pelusi
28/01/2010

Una palabra quechua que significa fuego, calor, ardor, da nombre a este cómic, publicado en nuestro país (España) por la editorial Oveja Roja. Se trata del calor que emana una herida aún abierta, la del pueblo peruano, víctima del horror de las fuerzas militares del gobierno y del movimiento maoísta Sendero Luminoso.

El cómic-documentario se centra en la memoria popular sobre los años de la lucha entre el ejército y el gobierno contra los revolucionarios, un conflicto que enfrentó a los más pobres y que dejó tras de sí un horrible panorama por todo Perú, con nada menos que 70.000 muertos y 4.000 fosas comunes aún por abrir.

Las viñetas, de estilo naif y en un blanco y negro salpicado de manchas rojas (el color de la sangre derramada, pero también de las banderas comunista y del Perú), se acompañan de fotografías extraídas de los medios de comunicación, así como por dibujos de las propias víctimas y por obras pictóricas de autores reconocidos. Este proceso visual acumulativo, realza el impacto visual y gráfico del volumen, contribuyendo a su realismo. El lector es transportado, así, al momento de algunas de las peores y más sangrientas atrocidades cometidas durante la guerra fratricida, desde la quema de las actas electorales del pequeño pueblo de Chuschi a cargo de Sendero Luminoso y la matanza de Lucanamarca, a las muchas masacres de militares y al conocido asesinato de ocho periodistas en la localidad de Uchuraccay, un caso investigado por una comisión encabezada por Mario Vargas Llosa y todavía sin resolver.

Pero lo verdaderamente relevante de Rupay es su carácter político, pues supone uno de los pocos ejemplos reivindicadores en memoria de todos aquellos los que sufrieron la sistemática y brutal violación de sus derechos más básicos durante el régimen de Belaúnde. Es, pues, por ellos, por los 70.000 asesinados y olvidados y por la vergonzante impunidad de sus asesinos, por lo que los autores (Rossel, Villar y Cossío) no han pretendido escribir una crónica exacta de lo ocurrido sino esforzarse por esclarecer los hechos para que los culpables sean llevados por fin ante la justicia y para que, poco a poco, se vaya cerrando la herida del sufrido pueblo peruano, una herida de la que, todavía hoy, sigue emanando rabia, desconcierto, ardor, es decir Rupay.