
miércoles, febrero 24, 2010
domingo, febrero 21, 2010
domingo, febrero 14, 2010
sábado, febrero 13, 2010
RUPAY:EL FUEGO DE LA INDIGNACIÓN
Sarah Pelusi
28/01/2010
Una palabra quechua que significa fuego, calor, ardor, da nombre a este cómic, publicado en nuestro país (España) por la editorial Oveja Roja. Se trata del calor que emana una herida aún abierta, la del pueblo peruano, víctima del horror de las fuerzas militares del gobierno y del movimiento maoísta Sendero Luminoso.
El cómic-documentario se centra en la memoria popular sobre los años de la lucha entre el ejército y el gobierno contra los revolucionarios, un conflicto que enfrentó a los más pobres y que dejó tras de sí un horrible panorama por todo Perú, con nada menos que 70.000 muertos y 4.000 fosas comunes aún por abrir.
Las viñetas, de estilo naif y en un blanco y negro salpicado de manchas rojas (el color de la sangre derramada, pero también de las banderas comunista y del Perú), se acompañan de fotografías extraídas de los medios de comunicación, así como por dibujos de las propias víctimas y por obras pictóricas de autores reconocidos. Este proceso visual acumulativo, realza el impacto visual y gráfico del volumen, contribuyendo a su realismo. El lector es transportado, así, al momento de algunas de las peores y más sangrientas atrocidades cometidas durante la guerra fratricida, desde la quema de las actas electorales del pequeño pueblo de Chuschi a cargo de Sendero Luminoso y la matanza de Lucanamarca, a las muchas masacres de militares y al conocido asesinato de ocho periodistas en la localidad de Uchuraccay, un caso investigado por una comisión encabezada por Mario Vargas Llosa y todavía sin resolver.
Pero lo verdaderamente relevante de Rupay es su carácter político, pues supone uno de los pocos ejemplos reivindicadores en memoria de todos aquellos los que sufrieron la sistemática y brutal violación de sus derechos más básicos durante el régimen de Belaúnde. Es, pues, por ellos, por los 70.000 asesinados y olvidados y por la vergonzante impunidad de sus asesinos, por lo que los autores (Rossel, Villar y Cossío) no han pretendido escribir una crónica exacta de lo ocurrido sino esforzarse por esclarecer los hechos para que los culpables sean llevados por fin ante la justicia y para que, poco a poco, se vaya cerrando la herida del sufrido pueblo peruano, una herida de la que, todavía hoy, sigue emanando rabia, desconcierto, ardor, es decir Rupay.

Sarah Pelusi
28/01/2010
Una palabra quechua que significa fuego, calor, ardor, da nombre a este cómic, publicado en nuestro país (España) por la editorial Oveja Roja. Se trata del calor que emana una herida aún abierta, la del pueblo peruano, víctima del horror de las fuerzas militares del gobierno y del movimiento maoísta Sendero Luminoso.
El cómic-documentario se centra en la memoria popular sobre los años de la lucha entre el ejército y el gobierno contra los revolucionarios, un conflicto que enfrentó a los más pobres y que dejó tras de sí un horrible panorama por todo Perú, con nada menos que 70.000 muertos y 4.000 fosas comunes aún por abrir.
Las viñetas, de estilo naif y en un blanco y negro salpicado de manchas rojas (el color de la sangre derramada, pero también de las banderas comunista y del Perú), se acompañan de fotografías extraídas de los medios de comunicación, así como por dibujos de las propias víctimas y por obras pictóricas de autores reconocidos. Este proceso visual acumulativo, realza el impacto visual y gráfico del volumen, contribuyendo a su realismo. El lector es transportado, así, al momento de algunas de las peores y más sangrientas atrocidades cometidas durante la guerra fratricida, desde la quema de las actas electorales del pequeño pueblo de Chuschi a cargo de Sendero Luminoso y la matanza de Lucanamarca, a las muchas masacres de militares y al conocido asesinato de ocho periodistas en la localidad de Uchuraccay, un caso investigado por una comisión encabezada por Mario Vargas Llosa y todavía sin resolver.
Pero lo verdaderamente relevante de Rupay es su carácter político, pues supone uno de los pocos ejemplos reivindicadores en memoria de todos aquellos los que sufrieron la sistemática y brutal violación de sus derechos más básicos durante el régimen de Belaúnde. Es, pues, por ellos, por los 70.000 asesinados y olvidados y por la vergonzante impunidad de sus asesinos, por lo que los autores (Rossel, Villar y Cossío) no han pretendido escribir una crónica exacta de lo ocurrido sino esforzarse por esclarecer los hechos para que los culpables sean llevados por fin ante la justicia y para que, poco a poco, se vaya cerrando la herida del sufrido pueblo peruano, una herida de la que, todavía hoy, sigue emanando rabia, desconcierto, ardor, es decir Rupay.
viernes, febrero 12, 2010
domingo, febrero 07, 2010
viernes, enero 29, 2010
sábado, enero 23, 2010
sábado, enero 16, 2010
lunes, enero 11, 2010
RUPAY EN ESPAÑA
¿En qué momento se jodió el Perú?, se preguntaba Santiago Zavalita al comienzo de Conversación en la catedral. Y sobre el Perú posterior habría que añadir una pregunta paralela: ¿Cuándo comenzó la guerra que enfrentó a Sendero Luminoso con el Estado peruano?
La fecha oficial es el 17 de mayo de 1980, cuando Sendero Luminoso quemó las actas electorales de Chuschi, una pequeña población de Ayacucho. Era la chispa que debía encender la llama de la revolución en todo el país, pero la mecha se había encendido mucho antes, el 21 y 22 de junio de 1969 y eran otros los lugares: Huanta y Huamanga.
Y de ese incendio trata Rupay – que significa fuego en quechua- , el comic peruano que publica en España la editorial La oveja roja sobre nueve episodios reveladores de la violencia política que asoló Perú y ocasionó cerca de 70.000 víctimas. Basándose en relatos extraídos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Luis Rossell, Alfredo Villar y Jesús Cossío han elaborado este texto que combina imagen y palabra para intentar recuperar parte de la memoria de aquel momento trágico y bárbaro que los vencedores no han dejado de reescribir.
Y es que ni los políticos ni la Iglesia reconocieron sus responsabilidades por aquella espiral de violencia que enfrentó a unos pobres contra otros y se extendió sobre el pasto de la desigualdad, la impunidad y la injusticia, por una guerra sucia que fomentó la administración Reagan, que la llamó conflicto de baja intensidad y en la que se enfrentaron el terrorismo de Sendero Luminoiso y el terrorismo de estado entre 1980 y 2000 con una secuela dramática de variantes de la barbarie: ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas, masacres y violencia sexual.
Los autores de Rupay no han querido hacer una historia maniquea de buenos y malos, pero no podían dejar de señalar los orígenes profundos del conflicto: las de viejas luchas sociales, el racismo, la injusticia social, la impunidad de los grupos antisubversivos, la relación de esta lucha con las estrategias de la famosa Operación Cóndor, la denuncia de complicidades de medios e intelectuales, como en el cuestionado informe de la Comisión Vargas Llosa.
De ahí la importancia de su contribución a la memoria popular y a la verdad de los hechos.
Luis E. Aldave
Tomado del Bloghttp://www.laovejaroja.es./

¿En qué momento se jodió el Perú?, se preguntaba Santiago Zavalita al comienzo de Conversación en la catedral. Y sobre el Perú posterior habría que añadir una pregunta paralela: ¿Cuándo comenzó la guerra que enfrentó a Sendero Luminoso con el Estado peruano?
La fecha oficial es el 17 de mayo de 1980, cuando Sendero Luminoso quemó las actas electorales de Chuschi, una pequeña población de Ayacucho. Era la chispa que debía encender la llama de la revolución en todo el país, pero la mecha se había encendido mucho antes, el 21 y 22 de junio de 1969 y eran otros los lugares: Huanta y Huamanga.
Y de ese incendio trata Rupay – que significa fuego en quechua- , el comic peruano que publica en España la editorial La oveja roja sobre nueve episodios reveladores de la violencia política que asoló Perú y ocasionó cerca de 70.000 víctimas. Basándose en relatos extraídos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Luis Rossell, Alfredo Villar y Jesús Cossío han elaborado este texto que combina imagen y palabra para intentar recuperar parte de la memoria de aquel momento trágico y bárbaro que los vencedores no han dejado de reescribir.
Y es que ni los políticos ni la Iglesia reconocieron sus responsabilidades por aquella espiral de violencia que enfrentó a unos pobres contra otros y se extendió sobre el pasto de la desigualdad, la impunidad y la injusticia, por una guerra sucia que fomentó la administración Reagan, que la llamó conflicto de baja intensidad y en la que se enfrentaron el terrorismo de Sendero Luminoiso y el terrorismo de estado entre 1980 y 2000 con una secuela dramática de variantes de la barbarie: ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas, masacres y violencia sexual.
Los autores de Rupay no han querido hacer una historia maniquea de buenos y malos, pero no podían dejar de señalar los orígenes profundos del conflicto: las de viejas luchas sociales, el racismo, la injusticia social, la impunidad de los grupos antisubversivos, la relación de esta lucha con las estrategias de la famosa Operación Cóndor, la denuncia de complicidades de medios e intelectuales, como en el cuestionado informe de la Comisión Vargas Llosa.
De ahí la importancia de su contribución a la memoria popular y a la verdad de los hechos.
Luis E. Aldave
Tomado del Blog
viernes, enero 08, 2010
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